7 ene 2009


CASA NACIONAL DEL NIÑO (SENAME), HOSPITAL CALVO MACKENNA


Quien diría que estos pequeños, sin saberlo, se han convertido en victimas. Victimas de la pobreza, de la marginación, victimas de los excesos, victimas, hasta de sus propios padres. Sin embargo sus corazones siguen estando limpios de rencor u odio, sus pequeñas almas están llenas de amor, ellos te regalan lo mejor de si, lo único que poseen; una caricia suave, una mirada inocente llena de alegría, un apretón en el dedo que te solicita atención, una amplia sonrisa que siempre termina por reflejarse en el rostro de quien la ve, la añoranza de un abrazo, sus brazos abiertos que te obligan a amarlos.

Son tantos las emociones involucradas en esta experiencia, que se me hace imposible poder explicarlo completamente, es una sensación que te conmueve y remece tu estructura cotidiana, te hace agradecerle a Dios y te abre los ojos a una realidad análoga, pero no menos cruel a la que estamos acostumbrados, robos, asesinatos, peleas, que parecen no tocarnos, pero que siempre están al asecho. No obstante estos niños viven su soledad aislados del mundo, pidiendo ayuda con gritos mudos que no alcanzamos a escuchar porque siempre estamos pendiente de “lo importante” la casa, los hijos, las compras del mes…

Merece la pena detenerse un momento de nuestra agitada vida y escuchar lo que tienen que enseñarnos. Sacrificar un poco de tiempo, de esfuerzo, no tiene comparación con la enorme riqueza que ellos nos entregan, su fuerza, su tesón… ellos nos muestran lo importante de la vida, que no importa quien nos hizo eso o aquello, sino como yo puedo sobreponerme a eso.


Katherine Varela M.

Asistente Comercial

Ediciones UC

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